1 de agosto de 2015

Miscelanea

Personas que llegan al mundo, abren los ojos azules y buscan comprenderlo todo con solo una mirada, y mientras estas llegan otras se van en circunstancias raras y complejas, que nadie entiende del todo excepto una persona que nadie conoce hoy, y no hablo de algo intocable como Dios, sino más bien de algo concreto como un asesino.
Mientras el mundo corre rápido a un ritmo que nadie comprende y todos siguen, en el medio de una montaña metafórica como los sueños, puedo encontrar con facilidad la paz de sabernos anormales, descomunales por el hecho de ser simple y profundamente imperfectos.
Mientras construyo castillos en el aire con los sueños de un posible e inalcanzable amor, me convenzo con más fuerza de que estar sola esta bien, y que esa soledad no es total o insoluble, sino más bien una decisión apresurada por mis ánimos de reflexión.
Y no entiendo nada, como siempre fue, pero algo es, pero en algún punto el mundo cambia su ritmo rápido no solo en los libros sino también en mi mente, y paso de el asombro de mirar todo como sin creerlo, sintiéndome afuera de la atmósfera rara que se respira, para minutos después ser una más en el mapa que no siente ni vive nada demasiado fuera de lo normal pero que requiere sentirse especial para que todo "tenga sentido", un sentido utópico que por lo menos yo nunca encuentro. y bajo a tierra y estoy corriendo y no sé con bastante precisión adonde, y me admito asustada pero tengo más miedo de parar que de seguir corriendo y por eso corro.
A veces las voces familiares de las personas con las que crecí y a las que quiero, aunque jamás lo vaya a admitir, me recuerdan que las melodías valen la pena. Que todavía el arte tiene mucho por darnos, y que no se resiente por el hecho de que no le hayamos entregado nuestra vida, que se banca esperar a que lo hagamos pasar, a veces después de la carrera, de los amigos, de la familia, de la casa, del sueño atrasado, del tiempo escaso, y del cansancio que creemos tenemos.
Daría todo por ver a muchos bien, pero también tengo que entender que no podemos envolver a las personas en burbujas de plástico y esperar que se queden sentadas mientras nosotros nos sentimos héroes por salir a la calle a vivir el día a día.

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