6 de agosto de 2015

Espacios

Yo valoro mucho el espacio, lo admito, me gusta tener un espacio propio y alejado de todos, me gusta ser quien maneja sus espacios. Pero a pesar de eso, me cuesta mucho separarme de cualquier cosa material que tenga una historia en mi vida, no soy buena tirando o regalando lo que tengo, no tanto por el uso o porque lo "coleccione", sino más porque siento que más allá de ese material inerte del que están hechos físicamente los objetos, hay telarañas sentimentales que nos llevan a otros lugares con sólo verlos.
Este año lo arranque de una forma distinta, lo empecé con algún que otro tropezón y decepción y con la firme promesa de pensar más en el futuro que en el pasado, de romper con aquellas cosas y personas que tienen la capacidad de tirarme para abajo, y de hacer un "clean break", una ruptura con lo anterior. Todo antes de los 20, si, es ambicioso al punto de rayar lo utópico, y no es del todo sano, pero es algo que quería vivir una vez en la vida y elegí hacerlo ahora.
Llevó un mes viviendo en mi casa, la de toda la vida, por las vacaciones de invierno, y obviamente cada vez que vuelvo miro con ojos extrañados mi pieza, el lugar donde me oculte del mundo tantas veces, mi cueva de tesoros y de sueños, mi lugar, mi universo. 
Ahora parece tan de nena, y no lo digo despectivamente, sino que simplemente lo parece, la miro y tiene el color que yo elegí en las paredes, la lámpara que yo compré colgando del techo, el escritorio que suelo extrañar, la biblioteca con los libros que tengo desde siempre, y que amo con el alma. Y todo parece lejano. Y me siento asfixiada. Necesito aire asique salgo al resto de la casa, y veo una casa que cambió horrores en estos años, que se puso linda, que fue refaccionada, que tiene sudor y esfuerzo de mis viejos por seguir haciéndola un hogar, que tiene planes para el futuro. Pero mi pieza se congeló en algún punto de 2013 que no puedo precisar, simplemente lo hizo. Y y quiero espacio.
Necesito lugar para poner las cosas que arrastro, y no hablo de nada material, sino de mis nuevas perspectivas, mis nuevas ideas, mis nuevos dolores de cabeza, todo eso requiere un lugarcito para que pueda seguir conectándome con este lugar.
Por eso, antes de que este año termine o cuando el que viene comience, alguna tarde de verano voy a sentarme y hacerme espacio, para todo, a poner en orden el desorden sentimental, a alinear, y a entender que uno tiene que soltar algunas anclas si quiere nadar libremente. No sirve soltarlas todas de golpe porque te perdes, te asustas, quedas a tu suerte en un océano inmenso, pero si tenemos que saber dejar, y cómo me duele dejar una parte de lo que fui, esas 6 agendas que retratan exacto a la Suspiro del 2008 al 2013, al día donde decidí dejar de usar agendas, porque empecé a darme cuenta de que no podemos controlar nuestro tiempo y menos dirigir nuestras acciones.
Y así, mientras el mundo sea mundo, y yo este en él, voy a venir acá y voy a verme reflejada en cada baldosa, en cada lugar, y voy a recordar el día que dejé ir un poco más, que sentí que el futuro requería que yo caminé hacia él sin pesos en los tobillos.

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