Hola primita, no te imaginas porque te escribo. Encontré esa carta que me escribiste hace casi 10 años, cuando eramos unas nenas que creían en muchas cosas, cuando ya eramos distintas, porque siempre lo fuimos, pero a pesar de eso nos queríamos montones. ¿Sabés? No te voy a negar que sos mi prima favorita, porque sos mi opuesto perfecto casi. Porque me acuerdo esos cumpleaños de tías viejas, donde te perseguía y te agarraba de los pelos, porque yo era una nena arisca, de pelo marrón, con lentes, actitud, agresividad, y vestiditos de colores que hacía pelota. Y vos eras una nena rubia, con ropita blanca, tranquila y sociable, eras una muñeca primi. Por eso te adoro, porque años después donde nada es tan claro, a pesar de todo seguís siendo mucho de lo que fuiste, de una forma mucho más adulta y mucho más responsable.
Ya sé, ¿Quién iba a decir que mi prima, la misma que siempre odio la escuela, iba a terminar cerrándonos el orto a todos y estudiando medicina, nada menos, y esforzándote con toda tu energía para ser lo que querés ser y llegar adonde buscas.
Y a pesar de que el amor no es mi fuerte, seguís siendo un espejo que adoro tener cerca, porque no devuelve mi reflejo, y porque me hace crecer gracias a eso.
En tu carta que nunca conteste, me preguntaste cómo estaba el chico que me gustaba a los 11 años, y curiosamente creo que puedo responderte, él esta bien, más que bien. Pasó dos años enteros siendo novio de una chica que lo traicionó, pero creo poder decir que ahora está bien, lleno de amigos, estudiando medicina también jajaja, pero acá, de todas formas es una buena persona y tengo esa sensación de que con el paso de los años solamente se va a volver más bueno y que algún día lo voy a ver siendo un padre de familia, con una esposa buena y hijos que lo van a adorar, y espero que algún día lo conozcas por esas cosas del destino, aún si nunca sabes que era él.
Releyendo una carta tan vieja, me viene a la mente que nuestra vida era tan simple, a vos te gustaba un Nahuel y con eso te alcanzaba en la vida, y yo no sé que hacía pero estoy más que segura que no era nada más complejo que eso.
Hay cosas que nunca te voy a decir en persona, precisamente porque siento que no las vas a entender, no porque seas vos, sino porque siento que sólo muy pocos las ven por mí. La verdad es que con 19 años sigo siendo virgen, y aunque a veces pienso que está mal, segundos después me acuerdo que la vida que vivo yo la eligo: que yo elegí ser lo que soy, usar la ropa que uso y hacer las cosas que hago; y que me encanta ser así, incluso si nada de eso me sirve para llamar la atención de un hombre. El punto es que sentí esa clase de amor una sola vez, y fue por un loco del que en realidad ni el nombre sé, pero fue tan claro que me devolvió alguna esperanza de no ser demasiado cerrada al mundo. A pesar de eso, tengo que decir que con el correr del tiempo me intento acostumbrar a la idea de vivir una vida en soledad, y que le encuentro ciertas ventajas, podría ser esa tía solterona que sus sobrinos adoran, puedo dejar mi vida por mi trabajo, o puedo tener un grupo de amigos que se junte a tomar y a reírse hasta envejecer, puedo tener mascotas, puedo viajar cuanto yo quiera, y puedo cocinar para uno el resto de mi vida. Y en el fondo eso no es malo, quizás pueda parecer triste, pero también es feliz, y es una forma de vida que no me molestaría.
No tengo en claro que quiero de la vida todavía, y simplemente no siento que lo vaya a tener en claro en breve, y a pesar de eso camino y me siento bien con el camino por el que voy, cosa que por hoy me alcanza.
Sigo con la misma familia chica y simple que conoces, incluyendo a los amigos de mis viejos, a sus hijos, que ya son casi mis primos en algún punto, y a todo ese conjunto de locas personas que me rodea. También tengo amigos que con los años mejoran y se empequeñecen, se vuelven menos pero con el amor y la confianza concentrándose, impregnándose en sus esencias.
¿Mi vida está en orden? Nunca. Y amo eso. Empiezo a entender a la gente que se pierde a propósito, empiezo a pensar que yo podría ser una de esas.
Te quiero, aunque decir que te extraño sería injusto, como la luna y el sol, estamos hechas para vivir lejos y mirarnos a distancia, y de esa forma apreciar la belleza de la otra, de nuestro complemento en esta vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario