19 de agosto de 2015

Birds

Una vela se quema lentamente al lado mío, mientras escucho a ese ser que siempre me calma, y escucho a lo lejos el agua de la pava hervir. Porque es tarde y es momento de tomar un té y de quedarme callada, lo puedo sentir.
Muchas cosas comienzan esta noche, lo sé porque algo adentro mío me lo dice, y le creo, hoy empiezo a conocer una capa más profunda de una persona que a primeras miras parece quizás un poco todo lo que siempre vemos, pero que estoy segura de que con los años es un ser capaz de dar mucha luz, y es por eso que quiero una amistad de años, o para toda la vida.
También me acuerdo de las cosas que pasan como fuegos artificiales, parecen iluminarlo todo un momento, para después caer y dejarnos solos sentados en la oscuridad. ¿Por qué somos tan complicados? Tenemos que aprender a vivir los momentos lo más puramente posible, a sentir, a llorar como nadie y a pensarlo todo una vez, porque es usualmente nuestro instinto el que es capaz de darnos armas para salir a comernos el mundo.
Tengo que dejar de querer controlar la vida de todos, lo sé, pero es que es tan tentador vivir escribiendo nuestras propias máximas, como ser a la vez San Martín y Merceditas. Un combo.
Y es que todo viene de a combos, por lo menos en esta generación que nació pensando en el número 2, no podemos despegarlo de nuestras aspiraciones. Somos tan estúpidamente binarios como cualquier máquina, con un pequeño plus de ignorancia y de orgullo. Y me doy cuenta que miento, pero es que es tan fácil sentirse solo. Desde el descuento del cine te pide que sean dos, hasta tus papás, hasta tu subconsciente colectivo que parece estar todo el día gritándote que sola no llegas a ningún lado. Y es tan precario ese sentimiento que nos ponemos incómodos con el número 3, es como que lo sentimos por fuera de nuestro control. Si somos dos podemos entendernos, pero ¿Y sí somos 3? Ah no, porque ahí capaz que dos se entienden y el tercero vuelve a sentirse solo.
Siempre solos, pensando que necesitamos de otro que nos complemente tan perfectamente que estaba "diseñado" para ser. En el fondo todos nos pensamos máquinas diseñadas perfectamente para encajar, tanto que si no encontramos a nuestra pieza perfecta, corremos el riesgo de de ser desechados por inútiles.
Es tan agotador buscar a una persona perfecta, al punto de que se escapa nuestra alma y buscamos a ciegas, como las polillas que se chocan todo. Y amaría no ser una polilla, pero sin embargo lo soy, y no se que tan posible es huir de eso.

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