Cuanto más orgullo tenemos adentro, más fácil es que salgamos lastimados de cualquier situación. Es una cosa casi ilógica que uno sienta que puede manejar al mundo en algún sentido, y que si eso falla nos enojemos tanto, algo que parecía tan evidente de repente nos juega una mala pasada.
Y es que no podemos esperar que las personas piensen como nosotros, sientan como nosotros, tomen las decisiones que nos parecen correctas para ellos, o que las cosas salgan como las queremos solamente porque sentíamos que hacíamos las cosas bien...Es gracioso si lo pensamos, porque parece un chiste del destino ante nuestra actitud de comernos el mundo. Es como si dijera: "Ah, asique pensás que te podés pasar de viva.. Toma! Ahora vas a ver".
La mayoría de las cosas que me preocupan, lo hacen porque hieren mi orgullo, porque desafían a mi cerebro que creía que tenía las respuestas; porque siempre adivino, prejuzgo y supongo, y de un momento a otro las cosas simplemente se me dan vuelta y no sé como girarlas. Y saco de quicio a muchos de los que me rodean, a todos aquellos que son menos porfiados que yo, a los que simplemente son humildes y tratan de buscar paz, y a los que luchan para no llegar a los extremos que a veces alcanzo sin querer.
Lo sé desde siempre, soy tan porfiada que me pegaría con un martillo en la cabeza, si yo lo siento, es así, si yo lo digo, es así, y no me cierra ninguna otra postura, y me da tanta bronca que un "tenes razón" no se me escapa ni de pedo. Y admito que me da bronca ser así, pero también hay una parte de eso que me hace ser yo, y otra parte que me mantuvo a flote hasta hoy, porque si analizo mis logros, mis talentos, mis habilidades, yo se que nada de eso suma demasiado, entonces me escondo cómoda en mi cascarón de orgullo y amor propio, esperando saber darme cuenta cuando me pase de la raya y sea hora de amar a los otros, de hacerlos sentir queridos. Pero hasta que la luz roja de "La persona enfrente tuyo está mal" no se prende, me quedo en mi barco en medio del mar donde vivimos cada día, remando contra la corriente, o a favor, dependiendo del día.
En fin, como soy mala diciendo algunas cosas en la cara, voy a hacer una lista de perdones que todos deberían saber en algún momento:
Perdón por no ser una buena compañera, y por ser más una carga que una ayuda.
Perdón por enojarme por cosas estúpidas y en las que no debería meterme, porque son tus decisiones.
Perdón por no saber demostrar gratitud siempre.
Perdón por olvidarme de donde vengo a veces, soy joven y a veces me enfoco mucho en el hoy y dejo gente tirada en el camino.
Perdón por odiar tanto.
Perdón por no saber tirarme atrás a tiempo.
Perdón por fallarte.
Perdón por no ser más como pensabas que iba a ser, y no haber sabido mostrarlo a tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario