Marzo es uno de los meses que más me gustan, de toda la vida, un poco porque es mi cumpleaños pero mucho más porque es el mes donde todo comienza. El verdadero año nuevo arranca acá: los chicos van a la escuela, los grandes siguen laburando pero con renovadas pilas y pilas de trabajo, los bondis tienen más frecuencia, las calles explotan de golpe y la gente parece que saliera de las baldosas. Vuelve a vivir todo.
A pesar de eso, en mi hermoso año de la tortuga, evidentemente todo tiene que cambiar, porque marzo arrancó frío y gris, con nubes que amenazaron con derribar mi optimismo en este año, y un poco que casi lo logran. Tengo las defensas bajas, y el sentimiento de que algunas cosas no me van a salir como quiero, pero bueno, acá voy, caminando.
Creo que puedo reducir mis miedos a estar alejándome mucho de las personas que siempre estuvieron, de mis viejos, de mi hermana, de mi mejor amiga; lo más jodido es que es un alejar consciente, donde elijo estar en otro lado porque me es más fácil existir y porque respiro más liviano, pero eso hace que la vida que compartiamos se quiebre, el famoso quiebre.
Por otro lado siento que todo lo que me rodea en este "nuevo" mundo, en esta dimensión con mucha menos gravedad, es mucho más pasajero, es una cuestión de ligereza que me asusta. ¿Voy a poder crear algo con cimientos en una época de mi vida donde todo pasa, donde a nadie parece que le importará? La indiferencia está de moda, pero eso no va conmigo, y por momentos quiero tirar todo por la ventana, guardarme en mi hogar, en mi refugio de un mundo complicado, en mi guarida... Que a su vez y por insistencia mía es nuestra guarida, es ese lugar que siempre quise que sea seguro para todos, pero que a veces es tan seguro para los demás que yo me siento en arenas movedizas, hundiéndome en el peso de las promesas que hice.
Si, mi otro hogar, el de toda la vida, ese es seguro para muchas personas, pero siempre tuve a esos dos policías que son mis viejos, que aunque son más buenos que el pan siempre supieron ponerle límites a todo, y ahora yo soy la que delimita, y a mí siempre me costó decir no.
Y en medio de esas confusiones que atormentan a mi conciencia día y noche, hay una vida que arrancó, porque yo lo dije: todo comienza en marzo. Y arrancaron esos días de estudio heavys, también los suaves, las tardes de mates, las mañanas de charlas medio adormiladas, las promesas que se cumplen y las que no, las personas que agotan y las que energizan. Solamente que me crucé a mucha gente que agota.
Y obvio que comparo este marzo con otros marzos, y me sirve para entender hasta que punto yo misma agotó a los demás, hasta donde choco porque no me gusta algo de la otra persona, y hasta donde choco porque nos parecemos mucho, porque nos diferenciamos mucho también.
El desafío que la tortuga me planteó para este marzo revuelto es saber cuando parar, saber bajar, saber callar, saber ser sin estar todo el tiempo con la mente en algo, ¿Lo opuesto a mi ser? Ya no lo sé, me perdí el año pasado y todavía no me encuentro, pero parece un buen momento para bajar de la calesita mental, para poner los pies en eso que llamamos tierra, para respirar porque todo es más fácil cuando encontramos el aire que nos falta.
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