26 de marzo de 2016

Je vole

Nunca vamos a poder entender lo que no podemos sentir, y debo reconocer que no sé sentir el amor incondicional, la entrega, no sé que será eso de despertarse a las 4am porque simplemente un ser que no es capaz de entender o buscar, tiene hambre.
No sé hacerme cargo del otro, no sé sentir su alegría y dolor como propios, no sé que será verlo lograr lo que quiere en la vida, ni verlo caerse cuando las cosas no salen como espera.
No tengo ojos de madre, no sé que es lo mejor, no espero saberlo.
Pero si espero que en algún momento se encuentre algo de paz, si espero que cada persona que conozco que se hace cargo a cada momento de otro ser, que aquellos que esperan ver un mundo mejor para los que aman, y luchan a cada momento con la desesperación de ver que no se puede frenar a las personas, que no se puede controlar nada. Espero que se encuentre algo de paz, porque veo en los ojos de mis viejos esa luz, ese miedo, ese deseo de armarme con toda clase de espadas para que nadie me lastime, pero también de dejarme ir, de soltar porque soltando nomas podría volar tan alto como ellos me enseñaron, y como yo pienso que puedo hacerlo.
También lo veo en la cara de los padres que se equivocan, que por no saber escuchar, aquellos a los que la realidad los dejó de lado hace un tiempo, que perdieron el tempo, que no saben bailar este desquiciado ritmo actual. Y que por no saber moverse a tiempo pierden la huella de sus hijos, y aunque a veces me guste culpar de más y no tenga compasión, reconozco que tampoco debe ser fácil. Vivir en la burbuja de un hamster y girar sin parar, vivir.
Lo ves en la cara de aquellos que no hace mucho que están en esa rueda, los inexpertos. Lo ves en el aparente control de todo que creen que tienen, y en los retos de las generaciones anteriores que creen que hacen todo mal, que creen que no van a saber. Y saben, capaz que no todo, ni demasiado, pero saben. Cuando el mundo se reduce a unos rulos rubios, y una risa sin dientes.
Suelo condenar a los padres, lo hago todo el tiempo, por ignorancia quizás. Sin embargo a veces se requiere valentía para todo eso, para tanto sacrificio, para tanto dar y tan poco recibir. La injusticia más común, la balanza que siempre se apoya en un lado, los sueños resignados, la música del llanto pero también de las risas, el tiempo que se escapa corriendo y ver el mundo reflejado en los ojos de un ser que es creación propia.
Si, es jugar a ser dios, bien ya lo dijo un amigo, pero a pesar de todo es también otra versión del amor y de la valentía.

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