Los finales de año nos incitan a hacer balances, a pedir disculpas, a retractarnos o a sentirnos orgullosos de todas las cosas que hicimos en un periodo increíblemente largo de 12 meses. Como si fuera posible, ¿Quién puede hacer algo así? Si ya de por si nos cuesta acordarnos que hicimos la semana pasada, de repente nos va a surgir mágicamente la lista de cosas que hicimos "bien" o "mal", como si algo en esta vida estuviera impermeabilizado y libre de una de esas características, cuando no.
Pero hay cierta nostalgia que parece teñir nuestra sangre en el maldito mes de diciembre, que nos hace acordarnos de todas las personas que no están, de todo lo que perdimos, y que nos hace opacar cualquier logro conseguido, sin importar que tan grande fue en realidad.
Por tanto y no por menos, puedo decir que mi conclusión de este año es que la soledad está más presente en nuestras vidas de lo que pensamos. Fue un año solitario, sin que por eso haya sido un año malo ni mucho menos.
Este fue el año donde realmente entendí la soledad, la comprendí en cada una de sus fases, desde aquellas donde sos simplemente feliz de estar solo, donde te sentís libre, hasta aquellas donde te planteas que sin duda querrías estar acompañada, y no lo estás, y en ese momento tenés la certeza de que incluso si tenes al lado ese mágico aparatito que te permitiría romperle las bolas a todos los que conoces, al final no vas a llamar a nadie porque lo más bello de estar solo es que no estás forzando a nadie a nada. No haces que otros te padezcan, no más silencios incómodos porque de repente todos los silencios son cómodos, y eso es inexplicablemente bueno, porque te da paz, porque entendés todas las diferentes fases de cada silencio, porque descubrís o reforzás la locura hermosa de hablar sola, de imaginarte mil voces que al no ser reales no contestan más que lo que vos querrías que dijeran. Y es ahí donde comprendes al 100% el carácter de isla que nos subyace, porque todos somos como islas que tienen puentes para conectarse, que los construyen y los desarman a voluntad, que van y vienen, que toman decisiones y se arrepienten o las mantienen, pero que entienden que al final del día solo queda una opinión que importe, y una versión de los hechos: la propia.
Por eso, por muy importantes que sean los otros en nuestro archipiélago, entre cada decisión que queremos o tenemos que tomar y el momento donde estamos ahora queda un sólo paso, y ese paso es sólo nuestro.
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