2 de diciembre de 2015

Fer

En general cuando quiero escribir sobre alguien le pongo un sobrenombre, le hago una máscara para que lo que diga de esa persona yo sola sepa que va dirigido a esta. Pero la cosa es que de alguna forma me siento mal poniéndote un apodo a vos, que con todos esos líos te metiste por un milisegundo en mi mundo y de alguna forma me dejaste una huella pequeña, casi borrable. Tampoco entiendo muy bien que espero escribiendo esto, usualmente cuando le escribo a alguien sin contárselo espero sacármelo de la cabeza, y funciona, pero algo me dice que con vos no voy a poder. Eso está por convertirse en un problema.
Analicemos los hechos: me caes bien, sos gracioso, simple y copado. Creo que te caí bien aunque no lo puedo asegurar, y me gustaría verte serio alguna vez, y decirte algo profundo. Siento que sabrías que hacer. Siento que nunca te jodió que sea una gritona y una exagerada, que vos también lo sos.
Siento que podríamos caminarnos toda la plata riendo, que podrías tomar mates, que nunca me abandonarías si hay jamón casero de por medio.
Pero como la mayor parte de las cosas que siento, es algo que no puedo saber. Creo confiar en mí lo suficiente para seguir mis instintos cada vez que aparecen, pero no sé que sos, no sos intuición ni camino, sos humano calculo. Y por arte de magia no te estoy imaginando como un superman con campera reversible, sino que más te veo como alguien que puede sonreirle a cada día aunque duela.
Cuando todos los sueños vienen a enredarse en tu pelo y a llevarte lejos, algo de vos es tan jodido y real que los espanta y te quedas acá conmigo. Te falta tanto de galán de novela que hasta es gracioso, es irónico, sarcástico y feliz.
Me das gracias, me das ganas de abrazarte, y hasta capaz de robarte un beso, me das ganas de contarte toda mi vida y escuchar las tuyas, acostados un domingo temprano, sin ganas de movernos. Sos la clase de persona con la que puedo crear mil ritos, de esas rutinas que hacen la vida bella, que nos dejan ser y nos reafirman en cada paso.
Te quiero así, arquitecto loco, insomne caminante que se hace el despistado pero que nunca se pierde, chabón que escucha folk, genio de los cablecitos que a mí me desbandan la cabeza, persona que se diferencia en mil cosas de mí, persona que espero que pueda venir a preguntarme qué quiero de esta vida.
Porque ¿Qué quiero de esta vida? Sin duda mucho más que a vos, que no sos nada más que una ilusión rara y loca disfrazada de humano común y corriente. Quiero todo lo que tengo, y no sé si tanto más, quiero más tardes en mi casa, mirando el viento correr por las cortinas, quiero más plazas verdes, más vida vibrando en cada esquina, quiero más de esta cuidad bella, más de mí , más de vos, más de cada ser que me rodea, quiero más y más. Porque tengo todo, y aunque serías la perfecta frutilla de mi postre, y aunque sonriéndote me pasaría una tarde, hoy la vida me toca el hombro y me dice que hay obligaciones, que hay recreos, que hay amigos, que hay historias.
El mundo me llama, no me puedo quedar, no me hagas irme, vení a visitarme, mejor no vengas, no porque te lo pido yo. Y quién te dice, capaz mañana te toca ser un septiembre imprudente, porque nadie puede negar que todo lo imprudente pasa en septiembre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario