Escribo esto porque quiero que admitas tu culpabilidad, cosa que dudo que ya hayas hecho. Esta bien, sé que no te conozco mucho, pero ya pasaron 9 meses de todo, y como un hijo, estuve pariendo en mi cerebro esto, que quiero decirte y que sepas, para que te bajes de tus ponis imaginarios.
Quiero que sepas que no me da miedo admitir que yo también tuve la culpa, que estoy empapada en culpa y en errores, que tome medidas que salieron mal, no como se esperaba. Quiero también que sepas que si me tocará volverlo a hacer todo lo haría una y mil veces, porque no me da miedo quedar hasta los tobillos si eso se requiere para una buena causa. Y ser una buena amiga es una buena causa.
Y es que todo salió mal, nada como lo esperabamos. Vos podes pararte y señalarme, no voy a mosquearme, podes señalar a M diciendo que fue una manipuladora, que jugó con los sentimientos de tu hija, y con la distancia de todo lo que pasó, hoy te reconozco que yo pienso lo mismo. Pero no pienses que podes zafar.
Porque hay un hecho bastante simple que parece que te olvidas y es que asi como vos conoces a tu sangre, yo también conozco a tu hija, y de toda la vida, y hay algo que te afirmo con todas las letras: no es la clase de persona que se puede manipular fácil. En realidad, es todo lo opuesto, es la clase de persona que tiene todo excesivamente claro y que le importa muy poco ser la que desentona, o las opiniones ajenas, es alguien fuerte que no se deja soplar por los vientos fácilmente.
Y eso nos deja como conclusión que si ella no es manipulable, entonces estaba manipulable, estaba en un momento donde era débil y por eso la lograron convencer de algunas cosas que en otro momento habría dicho que no. Y eso es tu culpa. No te excuses, porque todos somos solamente la consecuencia de nuestros papás, y ahí voy a señalar con un dedo índice y sin temblar a vos y a tu marido, porque ustedes son culpables de dos cosas:
1. De no merecer la confianza de su hija. Cuando somos chicos nuestros viejos son el comienzo y el final del mundo, cuando crecemos los empezamos a poner a prueba, y les toca ganarse nuestra confianza y nuestro reconocimento. Puede parecerte boludo, pero si tu propia hija tiene miedo de hablar con vos, es porque estás haciendo algo mal como madre. Y no, no tengo hijos y no soy quien para juzgar, pero sé eso porque después de que todo saliera mal, después de que los planes se cagaran lo primero que hice y que quise hacer fue decirselo a mis viejos, fue contar con ellos para que me ayuden a salir de mis quilombos, como cuando era chica. Y no me decepcionaron, así como jamás lo habían hecho.
2. Este en mi opinión fue el más grave de sus errores: no darse cuenta. No se dieron cuenta de nada, no supieron leer en su hija que vivía bajo su techo algo tan simple como el miedo, como la angustia, como los nervios y las ansiedades, como todo aquello que pasaba por su cabeza en ese momento, que con sólo mirarla dos veces capaz lo habrían evitado todo, con solamente intentar preguntarle como estaba, generar algo que los relacione, ver como estaba. Pero no, no lo hicieron, no supieron leer un puto sentimiento, alentando así a que todos esos sentimientos se oculten bajo una capa de ¿indiferencia? ¿apatía? no sé, tampoco me importa. Ustedes fallaron, fallaron fenomenalmente al no saber entender o intuir que algo le pasaba a la razón de sus vidas.
Es por eso que hoy me paro y miro adelante, y no me arrepiento. La única cosa que me puede doler es el hecho de haberle quitado a mi amiga de años un refugio seguro: mi casa. Porque sé que las cosas cambiaron y quiero vivir con eso a cada paso, porque quiero creer que podemos coexistir, aunque admito que la arrogancia que demostraron me repugna. porque todo cambió y reconozco al fin a todos los culpables, y eso sin duda los incluye.
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