Si este bar hablara, diría tantas cosas. Algunas serían historias viejas, de esas que se dan entre cafés y tangos, con olor a gomina en el aire y un grito atragantado en las palabras. Otras, más nuevas, serían de computadoras y sus teclados que como una percusión infinita, resuenan en todo el lugar, de vecinos que prefieren pagar una merienda a la cuota de wifi, de miradas furtivas y algún amor, que usando uniforme de escuela se escapó un rato más temprano.
Todas son historias, que hacen que el ambiente espeso se llene de sombras que bailan en sus paredes, mientras yo lo miro a Carlos que me alcanza los submarinos. Submarino con lemon pie, para muchos un atracón de azúcar, para vos, el remedio para cualquier corazón roto. Para mí, una rutina, que repito unas 3 veces al año.
No hablamos por un rato, donde sólo se siente el ruido de las cucharas que revuelven el chocolate en la copa alta llena de leche hirviendo. Recuerdo de infancia: la chocolatada caliente, faltan los dibujitos nomas, ¿Y que somos nosotros sino un par de nenes? Que se cuentan secretos, se juntan a jugar, a tomar la leche y se quedan dormidos imaginando historias. Ya quisiéramos que se haga de noche y viniera mamá a decirnos que la cena está lista, que vayamos a comer. Pero los dos sabemos hace mucho que la vida no funciona más así. Somos grandes para tantas cosas, ya no tan chicos para otras.
-Ya sé, soy un boludo, siempre me engancho y me cuelgan, soy un corazón sin ojos, que camina ciego y se va chocando cosas.
-Yo no dije nada.
-Pero lo pensas.
-No te lo voy a negar. Pero estoy cansada de esto, Nacho. No es que no me encante sentarme a tomar submarinos y comer lemon pie, pero no puede ser que cada vez que lo hacemos sea porque una boluda te usó un rato y se fue. necesitas aprender a cuidarte.
-No sirvo para estar solo.
-No digas boludeces, nadie nace con una etiquetita que diga si tiene que estar solo o acompañado.
-Pero no soy como vos, vos sabes vivir así, a mí me cuesta más.
-A veces a mi también me cuesta, la diferencia es que cuando me siento sola me junto con amigos, leo un libro o miro una película, te llamo a vos, o hago algo que me recuerde que tengo una buena vida y no necesito correr atrás del primer tarado que me diga 3 chamuyos.
-¿Entonces yo si hago eso?
-No tan así, pero pasas raspando. La diferencia es que vos sos el que chamuya- Te miro y largo la risa contenida.
Te distendes, te reís, y me preguntas como me va en la facultad.
Charlamos largo rato de cosas que sabemos no importan mucho, lo profundo puede esperar. Miras la hora y son las 8 y media de la noche, las luces llevan rato encendidas, y los amigos de Carlos empiezan a llegar para comer una parrilla con vino y soda.
-¿Te querés quedar a dormir en casa?- Me preguntas tímido, como si fuera la primera vez.
-Depende, ¿Me toca la cama o el sillón?- Digo sonriendo, porque sé la respuesta.
-Alguien tiene que sacar el olor a gato de las sábanas.
Me paró y te pegó un poco demasiado fuerte en el hombro, mientras me río como una tonta, bah, como me río cuando estoy con vos. Me devolvés el golpe, pero más suave, en la panza, y te reís como te reís cuando estas conmigo.
Salimos a la noche fría y empezás a jugar con un paquete de Philip Morris de 10, me miras y te hago un gesto para que me convides uno. Caminamos despacio a la estación, fumando y tarareando canciones que nadie parece saberse, solo nosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario