9 de septiembre de 2015

"Ese bar" Parte 1

-Negra, me volvió a pasar.
Y así arranca todo de nuevo.. 
-En una hora en lo de Carlos, y no me hagas esperarte, como siempre.
Cortas, yo dejó los apuntes al costado y me apuro a cambiarme, sino vas a llegar primero y me vas a gastar toda la vida. Después de todo fue así como yo te empecé a joder, hace unos años ya, cuando llegaste media hora tarde y te volviste "el que llega siempre tarde" a pesar de que no volvió a pasar.
Salgo apurada de casa, con una mochila llena de apuntes y una muda de ropa porque sé que voy a pasar la noche en tu casa, ayudándote a luchar contra el fantasma del silencio, ese que cambia de nombre con cada noviecita que pegas.
La primera vez fue Erica, y me dijiste que nunca más te ibas a enamorar estúpidamente, que ibas a pensar, siempre pensar... Dejaste de decirlo a la cuarta o quinta chica que te dejó en la lona. A partir de ahí fue: "Son todas unas hijas de puta, no entiendo como sos mujer y no traicionas, sos la única".
No hay nada que me quiebre el corazón como esa frase, si, no traiciono, pero vos amas a esas que te hacen mierda, y yo me siento con cara de boluda a esperarte en el balcón, sabiendo que no vas a llegar.
Tendría que haber cortado este círculo vicioso hace mucho, pero es tu cara, cada vez que me quedo en tu casa después de que alguna otra te desalojo la cama, esa cara que haces antes de dormirte del todo, cuando me miras y me decís: "¿Sabes que sos lo mejor que tengo, no?" Y mi corazón se para, te contesto un cariñoso "Vos sos lo mejor que tengo, negro feo" y te dormís sonriendo cada vez, a pesar de que lloraste a mares ese día. Y yo te miro un rato largo y me duermo en paz, dejando mi infierno personal para resolverlo la mañana siguiente.
Pienso en esto mientras voy con el traqueteo del Roca, que se mueve lento por las vías. Antes de que me de cuenta, llegamos a la estación y es hora de bajarme con el tumulto de personas que también corta acá su recorrido. Veo al tren irse lejos rumbo a Constitución, y camino sin apuro las tres cuadras que me separan del bar de Carlos.
Me acuerdo el primer día que fuimos, hace fácil 7 años. Estábamos peleando por teléfono, porque los dos nos habíamos subido a nuestro respectivo tren y nos dimos cuenta tarde que estábamos yendo en direcciones opuestas. Llegamos a un acuerdo, nos bajamos en la próxima estación que era donde nuestros trenes se iban a cruzar. Y así por azar o destino, terminamos caminando por las calles de Berazategui un viernes a las 4 de la tarde, sin saber adonde ir. Me dejaste elegir y elegí ese tipo restaurant de barrio con mesas cuadradas y buenos tostados. Dos cafés con leche después, nos habíamos puesto al día. Y en eso, vimos a un cincuentón con cara de haber sido galán en su época, que venía donde estábamos, con dos pedazos inmensos de lemon pie. "Invita la casa" y nos miramos, agradecimos y pedimos dos cortados para bajar el merengue, y de alguna forma terminamos charlando hasta las 9 de la noche con ese cincuentón tan simpático que resultó llamarse Carlos, ser el dueño del bar y de un buen par de anécdotas.
Hoy Carlos más que un conocido es un papá, es el primero al que recurro cuando necesito un consejo experimentado, y el que me acompaña a la estación para que no me pase nada, y a pesar de que tengo casi 30 y odio que me cuiden, a él lo dejo. Entré al bar medio derruido y escuche ese "¡Piba!" que me recibe todas y cada una de las veces.
-Si me hubieras avisado les reservaba una mesa- Me dice mirando al recinto vacío, excepto por una pareja de viejos que toman té y comen tarta de manzana.
- Pasa que fue a las apuradas, sino te pedía que me guardes la mesa VIP- Le contesto riéndome.
-¿Otra vez este boludo que no ve la belleza que tiene enfrente?- Me dice en tono cómplice, porque obviamente, él se dio cuenta que me moría por vos desde la primera vez que nos vio juntos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario