Originalmente, iba a usar esta entrada para hablar del libro y de la película con el mismo nombre, pero uno nunca puede seguir las ideas de la misma manera si las retoma un tiempo después. Y hoy me siento invisible, o quizás me siento tan visible como para que nadie repare en mi.
Lo lindo de vivir en una cuidad grande es que nadie te conoce, no sos tu historia o tu parentesco, sos simplemente uno más de las miles de personas que miles de personas se cruzan cada día. A veces es lindo no sentirse especial, siempre vivi bajo esa premisa. No me gusta llamar la atención, ni ser una princesa, no me parece importante demostrar todo lo que siento y soy reacia a pedir ayuda.
Sé como disfrazar los sentimientos, sé mentir y fingir que las cosas están perfectamente en mi vida. Lo aprendí para no lastimar ni preocupar a los que amo, ya que siempre pensé que si la tristeza que una siente no tiene solución, compartirla solamente es otra forma de amargar a más personas.
Pero acá estoy, sentada en mi cama, mi castillo y fortaleza y donde más cómoda me siento, y tan sola. Sola por el hecho de que soy bastante consciente de la paciencia que se necesita para compartir tiempo conmigo. Sé que soy difícil y que me falta conciliación, porque un orgullo gigante vive tratando de abrirse paso desde adentro de mi cabeza cada minuto del día.
Y por eso extraño. Extraño que las personas me conozcan bien, que me banquen a pesar de todo, extraño que alguien pase horas hablando conmigo de cosas que no tienen nada que ver con nada, pero simplemente me hacen bien. Extraño que los demás sean capaces de ver a la persona que hay abajo de cada comentario, porque es un trabajo complicado y que requiere de un ojo entrenado, y de un corazón muy grande.
Extraño ser más que una persona en las vidas de las demás personas. Puedo estar bien, sé que puedo hacerlo. Pero hoy extraño más de lo que mi orgullo me viene permitiendo admitir, y no me puedo perdonar eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario