7 de julio de 2015

Resumen

Primera mitad del año y no me siento en absoluto como cuando arrancó este vertiginoso año tan lleno de cosas. No se si hacer un resumen siempre sea la mejor manera de entender las cosas pero es mi forma de alejarme lo suficiente del mundo como para verme. No es por pretenciosa pero me siento mucho más grande que antes, no físicamente obvio, sino algo así como empezando a verme a mí misma como a una mujer, no una nena. Empezando a ser tratada como una mujer, con todo lo que eso trae consigo.
Arranque el año con cambios fuertes y aventuras que me pusieron a prueba de movida, a ver cuanto estas dispuesta a dar, hasta donde llegas, que mierda queres. Y me comí los acentos. Y me chupa un huevo porque me siento fuerte, porque casi fue como arrancar de nuevo, ¿Saben? Dolió, me tuve que reencontrar con la ciudad, amigarme con un barrio nuevo, y una nueva forma de vivir: sola. Aprendí del silencio que puedo gritar todo lo que quiera, pero al final del día si quiero dormir tranquila tengo que hacerle frente a mis miedos. Y en sueños me encontré con todo eso que la humanidad teme, con lo que olvidamos, con las clases de magia que dejamos diluirse en el tiempo.
Tomé conciencia de mi juventud, de mi impertinencia, de mi fuerza y de mi malgaste de esta, de que soy difícil, de que no puedo mirar sin juzgar por lo menos hoy, de que tengo miedos que se me notan en la piel, y que con los años me hago más transparente. Caí un poco en cuenta de que mientras más alta me siento más me estoy hundiendo en el piso porque la grandeza es soportar el peso y no pararse sobre las espaldas de los otros.
De a poco entiendo la forma en que las personas viven, y comprendo que las expectativas son armas de doble filo, si el año pasado sentía que mi cabeza se abría con cada paso que daba, este año siento que mi boca se cierra y mis oídos son lo que mandan mis latidos.
Me volví una ameba cualquiera, absorbiéndolo todo, mirando atentamente las contradicciones de las personas. Principalmente me desilusione de las personas en general, de algunas en particular, y desde adentro de la piel pude sentir la fuerza con la que las cicatrices de mis heridas quieren hacerse visibles, y las abracé, comprendí mis rencores y los grité porque merecían ser gritados.
También encontré un reflejo de todos en mí, y algunos reflejos de mí en algunos otros. La transitividad de las cosas, de las emociones, de los pensamientos, del dolor también. Decidí que quiero entenderla, así como busco pararme porque llevo mucho tiempo sentada esperando. Pero a su vez quiero quejarme y reírme como si no fuera yo la que tiene que hacer esos cambios. Y todo de golpe, y todo te mata y te remata.
La belleza está más escondida de lo que creemos, porque se escondió en un lugar donde nadie pensaría en buscarla: a la vista de todos.

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