Ruinas de un lugar, a veces dicen más que cualquier otra cosa.
Si te veo, no sé en que pienso, aunque verte sonreír vale la pena.
Una pone trampas, busca, cazadora-recolectora. La otra lleva una vida sedentaria, cultiva la paciencia como el arte más exquisito. Una se llama Juana, y su hermana Olivia. Una dulzura, otra fulgor que se alimenta del rencor, de lo oscuro que encontramos en cada esquina.
Juana mira a Olivia, difícil saber como las personas más disimiles terminan compartiendo un mismo hueco en este mundo. Y el aire pronto tiene olor a viento, a fuerza no revelada, a secretos.
Juana ama el limón, es ácido y difícil, pero es único, algo así como un sabor imborrable. Olivia ama el chocolate, es delicioso, suave, sin complicaciones, y nadie lo resiste.
¿Que tan profundo cala nuestra sangre? ¿Qué tan extraño resulta vivir? Nadie sabe, por eso usualmente seguimos, sabiendo que a cada paso le sigue otro. O eso creemos.
No quiero parar, menos volver atrás. Ninguna quiere, amamos la libertad, eso siempre nos unió. Es nuestra raíz, odiamos ser esclavas. A veces no paramos a pelear nuestras batallas, otras muchas callamos y seguimos, y nunca nos perdonamos haberlo hecho.
Olivia es sabia, Juana es impertinente. Difícil es pensar que cualidad sirve más, quizás ninguna. Una espera por años un momento ideal que nunca llega, la otra por ansiedad o impulso termina arruinando los momentos. Conclusión: no hay buenos momentos. Pero nosotras nunca lo entedemos ¿O no?
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