11 de marzo de 2015

Azul

La cosa que más amo hacer es sumergirme en esa eternidad celeste, en ese infinito azul, sentir que no peso, y no solamente físicamente, sino que mi alma tampoco pesa, y de repente me encuentro flotando en una inmensa ingravidez que me hace tanto bien, que me aclara tanto cada idea, que me hace sentir que tanto puedo lograr, que tanto no, que me hace entender mis errores y mis victorias.
Que me hace amar la vida.
Todos tenemos pasiones, sabemos que hay algo que nos mueve más allá de nuestros límites, algo por lo que haríamos mucho, algo que con solo dos segundos ya nos hace sentir más vivos que nunca, más plenos, más llenos que mil horas haciendo otra cosa.
Las pasiones no tienen explicaciones, y sin duda mi pasión es lo mejor que tengo, porque no me importa si estoy en una pileta, en un mar, en un río, en donde sea, soy libre cuando nado, es el momento donde más libre soy, ¿Qué cosa puede ser más libre que el hecho de jugarle una batalla a la misma ley de gravedad? Esa que es tan universal.
Somos nuestras pasiones, no más que ellas, porque ellas nos llevan más lejos que nada, y a través de ella somos.

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