Y arrancó el otoño nomas, y con él llegaron muchas cosas que no esperaba sentir, algo asi como un popurrí de cuestiones de la vida que no pensaba plantearme. Y también el frío, obvio, sino no era otoño.
Una buena peli, compañía serena, no demasiados sobresaltos, nada de cosas locas ni demasiado rebuscadas, borcegos, ropa larga y calentita, sentirme viva de muchas formas, encontrarme con esta nueva persona mucho más confiada que habría empezado a ser yo. Muchas cosas para dos días, muchas.
Un recuerdo triste que llena de aguanieve a mi corazón, porque a vos te encontré hace un año, un 21 de marzo, y te fuiste igual de rápido que llegaste, pero dejaste un desorden en mi alma que todavía hoy no logro ordenar, la principal razón es que no quiero, porque si sigo teniendo esas cajas de sentimientos por todos lados, te siento cerca y me siento viva en tu mirada nuevamente.
Cosas que pasaron y dejan secuelas, cicatrices que trato de borrar sabiendo que no voy a poder, imágenes y pensamientos que lucho por olvidarme, por sacarlos 10 minutos de mi cabeza, pero siempre recaigo en ellos.
Algo así como depresiones compartidas, estados de ansiedad/ nerviosismo que se alternan sin que podamos manejaros, que hacen que sopesemos mil veces cada mínima decisión, que dudemos de todo, que empecemos a pensar que nada era cierto, que nadie nunca gana.
Cercanías que tendrían que hacerme sentir viva, feliz, bien, y que lo único que terminan logrando es que con el correr de los días me entren tremendas ganas de encontrar una cuevita, un lugar seguro en donde quedarme a curarme a mi misma, sin tener contacto con nada ni nadie, sin salir, sin contaminarme de su humanidad que tanto mueve a mi humanidad.
Música que me recuerda que se puede seguir, obligaciones que me devuelven a la vida real más seguido de lo que me gusta, olores hogareños, conocidos, que marcan la manera en que entiendo mi vida más de lo que soy capaz de entender o figurarme.
Por ende, una creciente sensación de que no sé muchas cosas que creía saber, que pensaba que entendía y que iban a ser seguras, y de un momento al otro simplemente notó que me faltan, como un soplo de aire que se te va y no logras alcanzar con tus manotazos de ahogado.
Se podría decir que me perdí, aunque no puedo evitar que algo adentro mío me grite que en realidad recién me estoy encontrando, que perder la inocencia y la ilusión es solamente el primer paso.
No vengas amor, ahora soy un quilombo, vení cuando yo este lista para recibirte, para verte y animarme a hablarte, para pedirte tu número, para que nos sentemos en una plaza a disfrutar ese solcito otoñal a las 4 de la tarde, cada uno con un libro y compartamos un momento y unos mates que nos calienten el alma, y sellen algo hermoso, la combinación perfecta entre dos universos, la confluencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario