Son las dos de la mañana y no puedo dormir, no puedo parar de pensar en todo lo que vivi hoy. Hubo tantas cosas, desde esa ternura de ver nuestras fotos de chicos, hasta lo irónico de salir a dar una vuelta y fumarnos un pucho. No somos nenes, ya no.
Hoy alguien especial, que podría ser mi abuelo por todo lo que me conoce, me dijo que estaba triste, que iba a extrañarnos, al taller, a la familia que somos más allá del taller. Y de ser por mí, le hubiera jurado que las cosas no van a cambiar, pero bien sé que le hubiera mentido.
Yo no sé casi nada de la vida, soy muy joven. Pero creo que en todos estos años compartidos, que son más que la mitad de mi vida, aprendí demasiadas cosas valiosas. Yo aprendí a respetar diferencias, puntos de vista y descubrí que siempre hay conflictos porque no somos todos iguales, pero que también siempre hay formas de resolverlos.
Mañana va a ser un día crucial en mi vida, pero en la de muchos más también. "El taller de artes plásticas con más trayectoria en la provincia", suena importante, suena a patrimonio histórico. Y soy parte de eso, de ese gran proyecto que enmarcó, que marcó, y que guió la vida de tantos. Muchos artistas salieron de acá, muchas personas agradecen a cada momento, o en algún momento, todo lo que vivieron en este lugar.
Porque somos más que un taller, somos una familia inmensa y numerosa, con los pros y contras que eso siempre trae. No nos llevamos todos con todos, no somos mejores amigos y me atrevo a decir que si no fuera por este lugar no hubiéramos sido amigos ni en pedo. Pero somos hermanos, y por ende no hablamos todo el tiempo, no sabemos la vida entera del otro, ni vivimos juntandonos, simplemente nos amamos más allá de esas cosas. Nos queremos por lo que somos más profundamente, asique no nos importa si uno de nosotros está hecho un boludo, nos queremos porque crecimos juntos y eso ninguna de nuestras amistades por afuera de este taller nos lo pudo dar.
Mañana se terminan muchas cosas, muchas andadas, muchos momentos compinches y mucha vida. Pero algo adentro me dice que mañana vuelve a empezar la vida. Una nueva vida, una que no conocemos, una que nos da miedo, porque tenemos miedo, ¿Para qué negarlo? Pero quiero pensar que vale la pena.
Quiero pensar que somos jóvenes y buenos, que somos buena gente más allá de todo, que aprendimos todo lo que pudimos y con eso alcanza para tirar. Porque de acá en adelante somos sólo nosotros, sólo este grupo de personas que tiene que aprender a armarse un camino en la vida, como quieran, como puedan, como sea.
Espero con mucha ansia que no nos perdamos, no para siempre. Que en 10 años podamos sentarnos y ver morir nuestros 30 juntos, ver como otros arrancan los 25.. Me encantaría que nos sentemos a organizar el cumple de 60 de nuestras maestras en la vida. Amaría que mis hijos si los tengo, sepan que siempre fui parte de algo más grande que yo, que las cosas valen la pena, que la constancia es una virtud que sabe dar frutos.
No me queda tanto por decir, pero si tienen que saber que aunque todo cambie, vamos a abrazar al cambio juntos, como tantas veces hicimos. Y mañana capaz sea destructivo, pero pasado es hora de levantarse con más fuerza que antes, con más amor en la mirada, y más experiencia en el alma.
Más viejos, si, pero mucho más sabios y juntos que antes.
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