8 de noviembre de 2014

Abstracto

Nunca fui una gran fan de lo abstracto más bien todo lo contrario. Soy la enemiga número uno de las matemáticas y las ciencias duras. Pero sí, tengo que reconocer que algunas cosas son abstractas en mi vida. Y las valoro mucho.
Lo lindo que tienen las cosas y las personas abstractas es que no lastiman. No pueden hacerte mal porque están lejos y no son reales. Cada vez que conozco a alguien, le creo un clon abstracto que vive en mi cabeza. Son iguales, pero al clon le puedo sumar las cualidades que quiero, le puedo dar emociones, poner palabras en su boca, e imaginarme vidas, historias y castillos de aire con él.
Pero una vez que conoces a esa persona, inclusive aunque ya sintieras que la conocías, todo cambia. Porque pensar a los demás en abstracto no dura para siempre.
Y ese chico lindo con el que te imaginaste una vida, tiene novia.
Y esa mina que tan forra te parecía que podía ser, es una buena persona que se vuelve tu amiga.
Y ese enigmático ser que pensabas que era igual a vos, es una persona de carne y hueso, con una vida y una forma de ser distinta de la tuya.
Pero aunque siempre me apena un poco cuando mis abstractos caen, las personas siempre son preferibles a las ideas que tengas de ellas.
Y hoy te conozco, si te cruzó en la calle, iría a saludarte y te abrazaría como debe ser. Y hoy terminé aceptando que a veces sos un forro, pero que te quiero igual. Y hoy más que nunca sos mi amigo, uno real y no abstracto.
Chau Zukini Rey, no te voy a extrañar para nada.
Hola Trem, gracias por querer a mi yo real.

No hay comentarios:

Publicar un comentario