La soledad paraliza al miedo, y el miedo me paraliza a mi. Y no sé donde estas, tampoco lo voy a saber, y a eso ambos lo sabemos. Podrías habérmelo dicho, y yo podría haber preguntado. Y ninguno hizo ninguna de esas cosas. Tengo miedo y ninguna respuesta, tengo frío porque siento que tenes frío.
Quiero creer que estás ahí, porque si te pierdo me pierdo a mi misma, porque cada minuto al lado tuyo es un regalo, siempre uno distinto, y quiero seguir recibiéndote.
Y el miedo que me atraganta los sueños, que me amenaza con no saber que te puede haber pasado. Y las ganas de llamar, de preguntar por vos, y el simple y aterrorizante hecho de no saber que me van a contestar.
Perdido en el medio de la nada te dejo ir, flotá tranquilo mi hermano, no sabes que hacer y yo tampoco. Pero en ese breve instante nuestro por siempre, ahí me queda tu esencia metida en los huesos, en cada rincón de mi ser. Espero no estar siendo ciega, porque realmente te quiero ver volver. Quiero encontrarte en esa estación y abrazarte como si nada nunca cambiará.
En algún pasado pretérito me dejé tu hermosa sonrisa, junto a mi risa y a un mate que se enfría..¿Por qué no lo tomas? No me dejes en esta plaza, en este 29 de febrero de un año que nadie puede precisar. Vos sabías, que para no dejar huellas la única forma es nunca pisar. Y por eso te amo como se ama a un pájaro, de esa manera fraternal y libre, dejándolo ser porque no podes, ni queres, encerrarlo. Porque control para vos siempre fue una mala palabra, y de a poco me contagias un poquito de ese espíritu, corazón. Te dejaría ir tantas veces como lo pidas, y lo sabes. Y por eso no me preguntas más, y sólo te vas.
Agarras esa mochila errante que lleva cada pedazo de tu alma, te la cargas al hombro y no me prometes volver, porque nunca prometes cosas que no vas a cumplir. Y eso lo odio de vos, porque las promesas mantienen con vida a mi ser, y ahora sólo espero y no sé. No sé como no extrañarte más. No sé como recuperar un momento. No sé si te perdí. Ay mi sol, ahora entiendo lo que es vivir en el limbo, en la incertidumbre y en el terror de la ausencia, ese miedo a despertar.
Y como toda Penélope que espera, aunque no seas mi amor, ni el de otra persona, todavía espero verte en alguna vereda, saltando los cordones, haciendo malabares, en esa brisa fresca que recorre los lugares donde la gente hace lo que ama.
Y te tengo, en cada poema que busca despertar a alguien, en cada voluntad de cambiar y de amar, en cada persona que veo en la calle, y en mi misma.
Todavía espero que esto sea una mentira, que mi pluma no escriba lo que puede ser, todavía espero encontrarte.
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