5 de septiembre de 2017

Que exigir

Supongo que la respuesta es obvia: nada. Por lo menos por hoy. Pero de a ratos reconozco que todas mis inseguridades se hacen carne en mi y me miran de frente, me conmueven y me hacen hacerme unas mil preguntas por segundo; por un rato entiendo a todas las personas que en mi vida me dijeron que había voces que no se callaban ni se podían parar. No soy yo la única, y saber eso me hace fuerte, pero no evita que me desmorone de a ratos.
Supongo que es raro que sea la primera vez que puedo escribir sobre esto, o no. El tiempo y mi forma de ver la vida se llevan bien, se alimentan mutuamente, se dejan ser y se obligan a ser juntos. Y amo por ende a cualquier ser que entienda como el tiempo corre en mi vida, nadie como el maestro de Murakami para decir las palabras justas sobre un tiempo que se entiende como una alfombra, para hacerte sentir que en cada paso de ese proceso él se ocupó de elegir con cuidado cada una. Con paciencia, con amor.
Reconozco que no me siento cómoda con ser la persona que soy hoy, con pensar demasiado en lo poco que puedo controlar las cosas, con no saber con que referencia tratarte, con no saber con que ojos mirar a todo lo que me pasa, a lo que siento, a lo que es real, a lo que es mi imaginación haciendo de las suyas. Y como siempre que no se como manejarme con algo, hablo. Hablo hasta por los codos, pienso y voy traduciendo eso en palabras que llevó a todo el mundo, a todo mi mundo. Y escucho lo que me dicen desde mi amigo más abierto de corazón hasta las personas que llevan tanto siendo coraza que ya lo parecen en sí.
No se que exigir de la vida, de mi misma, de vos, del mundo en sí. No se que exigir porque supongo que no se exige nada, que todo se da y se espera a ver que vuelve de eso, nunca igual, no. Siempre con ese plus que le da el otro, con esa vuelta de rosca subjetiva que es lo que en realidad podemos llegar a conocer (a medias) y a amar de otros. Podemos amar la forma en que las demás personas ven al mundo, como encuentran en sus rincones cosas que vos no ves, cosas que esperaste ver siempre y que nunca pudiste, cosas que ellos traen, cosas que todos movemos por el mundo mientras caminamos.
Supongo que las esperas alimentan al alma, ayudan a correrse de donde estas, ayudan a ver al mundo un poco distinto, ayudan a saber que hay algo ahí. Confió en eso porque no sirvo para ansiedades, menos para ser la persona que le viene a demandar de todo a un mundo que a duras penas sabe lo que hace; y todos somos un mundo sol. Somos universos que se convocan y se chocan de a ratos, formas de ver la vida que quisieramos, formas de ver la vida que odiamos con saña, que odiamos porque atacan a nuestra frágil estructurita, pero que en ese chocar hacen crecer.
La tormenta sigue, quizás no pare por un tiempo largo, pero de a poco me acostumbro a ella, de a poco me hace fuerte. Hoy me paró a mirar un mundo donde no quiero a nadie que alimente mis inseguridades, mis miedos, mis mambos propios y complicados. Hoy supongo que busco a cualquier ser que me sepa calmar, que entienda esos miedos y los vuelva algo hermoso, algo valioso. Y no se bien para donde arrancar, pero te aseguro que me voy a dar cuenta dentro de poco, te aseguro que cuando las cosas arrancan a salir bien le empiezo a agarrar fe al mundo.
Los días se alargan, yo me siento más vivia, y veo como todo cae, cae para levantarse. Ya no me da miedo caminar viendo fantasmas, porque sé perfectamente que decirles.

No hay comentarios:

Publicar un comentario