Me miro, y soy yo, con el pelo sucio, olor a pata, las ganas de quedarme en bolas y de pedirte prestada una remera enorme, de soñar al lado de alguien. Y con una vida escrita con ese alguien que jamás conocí, y vos me miras y yo amaría poder ponerte la camiseta de alguien.
Mientras miro la gente que camina por la avenida, y el aire del mediodía platense me recorre la cara, juego a ponerte la camiseta de alguien. Lo sigo haciendo unos días, unas semanas más, hasta que te vuelvo a ver en la realidad.
Vos real no sos nadie que alguna vez haya querido, vos real no me suena a que alguna vez me puedas querer a mí, yo tan yo, tan volada, con la incertidumbre como bandera adonde camino, con la psicología mirandome de cerca, cada día un poco más infumable, más intolerante que nunca. Y a pesar de eso, de sueños vive el pobre, y yo te sueño de día; porque de noche pierdo el control y aparece gente que no espero para nada, como mi vecino del 4b, ese que siempre me dio una sensación tan rara.
Pero a vos te reservó el día, algunos días, a veces.
¿Qué me engancha de vos? Fácil, que no es natural, que naturalmente no me surge quererte, y entonces la ecucación se hace más fácil. Si no pasa nada, no tenía que pasar. Si pasa algo, no tiene porque funcionar. Si pasa algo y funciona, ahí ya no se. La tercera opción no me pasó nunca, siempre encallada en las otras dos.
No se que creer de las relaciones, de las parejas, he visto tantas que la pelean en dulce de leche, que viven haciendo que algo funque, que no se pueden descuidar ni 5 minutos. Y veo tantas otras que flotan en nubes, que se hallan tan en si mismas, que no se tropiezan porque es como si caminarán al mismo paso, como si toda la vida hubieran estado caminando y se encontraron en una calle yendo en la misma dirección.
Hay enamoramientos furiosos, pasionales, llenos de locura y de fuerza, de explosiones. Otros tantos que son lentos, que se cocinan de a poco como un buen puchero, que no podes acelerar, que se desencuentran de a ratos, de a ratos no.
Veo a las personas correr atrás de lo que ellos creen todo, de sus amores, de sus primeros. Veo a los negados pensando en los muchos después del primero, o en el último.
Todo resuena en las cabezas, llenos de ideas locas, de experiencias tristes, de imaginarios rotos o realzados, de futuros brillantes y de soledades inmensas. Llenos de amor y vacíos de vida, llenos de vida y vacíos de amor, llenos de amor y de vida, o vacíos de vida y amor.
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