Mañanas grises me hacen acordar de como pasa el tiempo. Me siento vieja, dejada a un costado, en franca y libre caída, el aire no alcanza. Respiro hondo, y me pierdo, me pierdo y la gente me mira con la cara que miras a un nene en la playa, falta que aplaudan nomás. Le erro a las calles que recorro desde hace tiempo, que he sentido mías y valiosas, subo y bajo en esta enorme ciudad, me reencuentro en las palabras de los tacheros, en las esquinas del centro.
Pausa. Miedo, incertidumbre, ¿Me animo? Y, no pierdo nada, arranco a ver como mis pasos me siguen, o yo los sigo, vamos a ver. Y de repente antes de que te vea estoy en una plaza enorme, de esas que esconden secretos, como un submarino de cemento que lo soporta todo con su presencia, como si le tuvieras que pedir permiso antes de anidar en su verde, en sus bancos, en su forma de existir. Y yo pienso sin parar que esos lugares son donde nunca estuve, donde nunca me tome un puto mate, donde no pase más que de paso siempre, donde mis huellas no tienen marcas ni mi cabeza historias, donde no hay. Todo en mi vida apunta a entender la falta, el psicoanálisis, al arte, la sociología, etc. siempre con el versito de entender la falta y me siento tan vacía por dentro.
Me siento y vuelvo a pensar, en donde estoy, adonde me esta llevando mi cuerpo, ya sé, ya lo sé hace mucho pero lo negué, pero ahora vamos. Y arranco al barrio norte, al tripero, a las calles de siempre, a la farmacia, al buzón (si, hay un buzón!!), a la carnicería, al hospital donde tanto miedo tuvimos, a todo eso. Y me encuentro tanto, me pierdo y me encuentro allá, donde arrancó todo.
Yo siempre miré el mundo de la única forma que conozco, y es tan bajonero verse reviendo todo, verte lejos de eso, sentir que algo de vos se murió ahí, saber que un mar de personas recorre todo, que lo que de vos halla ahí es nada en comparación con todo lo que hay. Me quiero quedar en una esquina para volver a encontrar eso. Pero ojo, no quiero volver, ¿O sí? Si, pero bajo mis términos.
Camino mucho, hasta que los pies no dan más y hasta haberlo visto todo, una y otra vez todo, sonrio a personas para las que fui una clienta de hace años, una cosita pasajera que se esfumina en la vida diaria, en la lucha por seguir. El calor, el cemento, el verde de todas las plantas que son y dan, la mugre de las calles, tan típica, tan que siempre ha estado ahí, tan que siempre va a estar ahí. Entro y salgo. Voy y vengo. Me pierdo de nuevo, alguien que me explique que carajo me pasa hoy. Sigo, paro donde he parado, y encaro la vuelta a casa.
Casa, donde hoy soy, todo lo que ya no soy de ayer, donde me pierdo de nuevo pero sonrío mucho más, donde nada me ata, nadie me vigila, nada me obliga a pensar o sentir esos rencores, donde soy indestructible por fuera aunque sea un rato, donde soy siempre tan vulnerable, donde canto, donde me río sola, donde lloro a los gritos cuando todo se cae, casa.
Y todo eso por un simple causante:Todo eso por el número pintando con aerosol, porque nunca poner plata para uno nuevo, por la puerta de vidrio sucia, por el pasillo largo, tan turbio como antaño, por los departamentos grandes, llenos de humedad, de hongos, de patios sin sol, por la cocina donde por única vez lavé platos ajenos, donde cocine arroz, fideos, pizzas, donde todo pasó, donde la ázucar se guardaba en un cosito con tapa verde que siempre tenía la tapa con ázucar humedecida en el borde, por la heladera vieja que no está más, por la conexión dudosa de la luz que más de una vez pensé que se podía quemar cualquier día, por la mesa de mierda redonda donde aprendí que mierda es estar en la facultad, que mierda es ser amiga de alguien si todo se va a la chota, que es ver amigos pero amigos posta ser lo que siempre fueron, porque el tender donde se secaban los apuntes manchados de mate, y de tardes, y de noches, y de todo, porque ese tender no está.
Y quiero que sepas, lugar turbio donde ni siquiera habia señal del todo, quiero que sepas que fuiste mi primer terraza, mis primeros parciales, mi primer amigo y compañero de estudio incondicional, mis primeros meses sola, mi primera historia que contar, mi primera risa fueron tus defectos, y fuiste lo primero que extrañé. Hoy ya no te extraño, no más, pero si te agradezco que seas cemento en vez de cenizas, que seas nuevo y viejo, que seas lo mismo, y yo sea tan distinta. Gracias por regalarme esa visión, ese "tener en cuenta", eso positivo y negativo que se hace uno en mí.
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