Me levanto lo veo todo de nuevo, los colores conocidos, el calor sofocante de afuera que de a ratos se mete en la pieza, las paredes con mosquitos aplastados en todos lados, las sábanas revueltas porque de noche me muevo un montón, y porque el calor no ayuda. Me despego con asco, me levanto con modorra y un poco de malhumor asegurado, y voy al baño a lavarme la cara, atarme el pelo que sino me muero, y pensar que carajo quiero hacer hoy. Nada, eso quiero hacer; lo irónico es que para mi en este momento si es una opción, es más, es lo que finalmente eligo.
Un rato de series, comer algo aunque odio cocinar, y para colmo da todo el sol en la cocina, fiambre creo que quedo sino, si, quedo, mejor. Me quedo con un poco de hambre pero la paja le gana al instinto, asique hasta las 3 me ocupo de mirar peliculas, series, o boludeces en facebook, lo que pinte según el día. Después de esa hora decido que mi día ya esta hecho mierda, y doy una vuelta, o voy al super, o me acuesto de nuevo, o lavo ropa/limpio la cocina/cualquier mierda doméstica que detesto hacer, y se hace de noche de nuevo, una ducha rápida y fría, por favor fría. Un rato de dudar sobre todo en mi vida sentada en el balcón, aspirando el aire a bocanadas, la duda de si debería salir de mi casa aunque no quiero y no tengo con quien, se que puedo ir sola, y en general no me jode hacerlo, pero llevo 5 días sin hablar con alguien que no sea un cajero/a, o un vecino que salude al pasar.
Y al final puedo predecir que me voy a dormir en las primeras horas de la madrugada, después de otra temporada de computadora, y comida, y calor, y mucha agua, aunque quiero tomar café, pero me muero si me tomo un café.
Algo así como la rutina más aburrida del mundo, como quejarme de llena, de vaga, de pelotuda, como una serie de maquinaciones inútiles que van a terminar en sueños que parecen cada vez más pesadillas, para que todo eso que empuje afuera de mi conciencia durante el día me coma viva de noche, cuando no pueda escaparme en una pantalla, en una hoja, en una charla conmigo misma en voz alta.
"Me encanta estar sola", le dije al pibe a las 10 de la noche en la parada del Este, y no le mentí, no señor, pero hay épocas mejores que otras, y en el verano más bajonero que he tenido en mucho tiempo, no me sobro nada más que tiempo y dudas,
repitiendose hasta el cansancio.
Uno puede escaparse del pueblo, de la casa, del departamento, de la ciudad, de los problemas, de los cumpleaños, de los asados esquivados para no pasarla como el culo, de las familias (propias y ajenas), de las amistades turbias, y de las claras también, pero hay una sola cosa de la que nunca te vas a escapar: vos.
Y en algún lugar del cosmos, Freud descorchaba un champán y se cagaba de risa de los vivos que todavía tienen que pelearle a su angustia, una pulseada cada día.
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