Muchas veces nuestra vida puede reducirse a nuestras fuentes de paz, a las personas, los animales, el arte, o lo que sea que nos de paz siempre que la buscamos o la necesitamos.
Ahora lo que realmente me sorprende es ¿Qué somos cuando perdemos nuestras fuentes de paz?
Todos nos anclamos, a personas, a ideales, a lo que creemos, a tantas cosas; pero el destino es cruel y muchas veces gastamos a cuenta y cuando nos damos cuenta estamos solos, parados completamente indefensos ante la realidad que nos oscurece la existencia. Y ahí sale nuestro costado más olvidado, el más negado, el que menos nos gusta.
Entonces, ¿Cómo somos cuando perdemos nuestra fuente de paz? Y, cada uno debe ser diferente. Yo soy acelerada, intensa, emotiva y euforica, principalmente euforica. Mi estado natural es la tranquilidad, el silencio, los hábitos, las cosas que me hacen estar a gusto en mi casa o en las casas de otros, soy histórica (no olvido, me gusta recordar cosas y saber que tengo historias compartidas con la persona que tengo enfrente, y tantas veces me encantaría volver a vivir ese pasado), aburrida en algún punto, simplemente creo que una costumbre vale más que una aventura, y imaginativa, colgarme mirando una pared puede ser la mejor parte de mi día si mi realidad no me gusta.
A veces me veo acorralada, sin duda presionada por las cosas que no conozco, por la necesidad de encajar en otro ambiente, por las prisas de la vida, por el apuro de crecer para saber que hacer, para sentir que sé lo que hago.
A veces, una vez que saque mi lado mas charlatán y simpático, más rebelde, más sacado; después de eso cuesta que las personas vean el otro costado, el que siempre esta latente en todo, el que cree en los silencios cómodos, y las noches sin hacer nada en especial, nada loco o raro. Usualmente me da miedo que la parte más monotona y aburrida de mi misma espante a los demás, que no se la banquen tanto como a la piba copada del principio.
A veces, todos perdemos nuestras fuentes de paz, a veces nos perdemos y le somos infieles a la esencia para que las cosas se muevan, para intentar poder volver a serles fieles a eso.
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