19 de abril de 2016

Calesita oxidada

A veces el orgullo es más poderoso que cualquier cosa que piense que puede hacerme bien. Y honestamente no sé explicarlo. Nunca supe.
Nunca supe porque sigo relacionando a ciertas personas con momentos de mi vida, porque nunca las pude sacar de esa categoría, que mierda será lo que hicieron (si se que no hicieron nada malo) para merecerse quedar etiquetadas en el peor año de mi vida hasta ahora.
No sé que será la fuerza que siempre en mi pecho me hace rechazar cada encuentro, qué es lo que hace que me esconda si las cruzo, cuando debería abrzarlas, decirles que gracias por ser lo mejor que tuve cuando peor estuve. Porque suerte de cruel decisión mi corazón se pasa temporadas enteras menospreciando esa amistad, ni idea tengo yo.
Camino por las calles con el secreto miedo de cruzarme a ese pasado, el otro día quise ir a ver que onda, me metí en la boca de lobo, a pedido de una suerte momentánea: volví al barrio. Y no, no era mi barrio, y me sentí tan fuera de ligar, cada paso un poco más gris, cada minuto un rayo de sol menos. Y así me recorrí unos buenos kilometros pensando que fue la ilusión que me hizo creerme que era parte de algo ahí, que me conocían, que me saludaba algún vecino de pasada. ¿Cómo mierda me comí el cuento de que algo bueno podía salir de una experiencia de mierda?
No sé, pero por las dudas me sigo escondiendo, y sigo envidiando un poco esa amistad hermosa que tienen personas que me conocen más de lo que pienso, que conozco bien y que extraño a veces, cuando es de noche y tengo insomnio, cuando no hay ruidos, porque estoy sola, porque no hay risas en la cocina, nadie quiere mates de trasnochada, nadie tiene que estudiar (bah, yo, pero no cuenta), cuando no hay que bajar la voz porque otra madruga, nadie madruga, ni siquiera yo.
Y acá me siento, en mi calesita oxidada, en mis domingos largos de sueños viejos, en mi nostalgia como modo de vivir, y en las risas que recuerdo pero no escucho, que podría pero no comparto.
Porque no sé perder. Nunca lo supe, y no puedo soportar perder contra ese rencor irracional y salvaje que me hizo enterrar todo demasiado pronto, todo muy veloz, todo muy actual, todo muy "lo superé todo" cuando no se supero nada. Y lo sé, lo más triste de esta canción es que lo sé.
¿Quién te dice que algún día de estos me amigo con la vida? Capaz hasta termino tomando mates en otras galaxias, que son de otras personas, que son de otras vidas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario