24 de febrero de 2016

El año de la tortuga

Todos sabemos que hay años y años, hay algunos que nos transmiten mucho y otros poco, que nos cambian más o menos, que nos tocan y nos revuelven en diferentes direcciones, hay años que nos enloquecen.
Bueno, por más de una razón puedo decir que siento que este año viene con demasiadas cosas abajo del brazo, mayormente buenas y siento que cada día va a valer. Por ninguna razón, desde que comenzó hasta ahora se me cruzaron dos tortugas, dos muy diferentes, simbólicas o tan reales como un pedazo de piedra tallado, pero se me cruzaron. Asique en contra de la denominación del horóscopo chino, declaro que este año es el de la tortuga.
Un atardecer lluvioso y naranja a muerte me avisa que la noche va a ser fresca, que las cosas están pasando, que todo cae por su propio peso. El tiempo sana y aleja, no cura pero si atenúa, y sin duda permite vivir con.
Y es por eso que seamos tortugas, vayamos lento, suave, no jodamos mucho a nadie, busquemos que la calma se mantenga, dejemos de hablar y hagamos silencio hermoso, veamos lo sublime en cada esquina del barrio, en los árboles moviéndose al compás de una brisa que no alcanza a bajar los 40 grados de confusión y agotamiento que tenemos encima, pero que alcanza para que por unos minutos todo salga bien.
Dejemos querer, dejemos ser, seamos y amemos, y curemos, siempre curemos. El mundo nos quiebra, nos rompe, nos mata y nos revive, nos sacude, y siempre vamos a necesitar a esa persona que se nos pare al lado y espere paciente a que su amor y su paciencia, y el tiempo, todo lo remienden (aunque sea a medias).
Encontremos a esa persona, abramosle la puerta o una ventana aunque sea, dejémonos ayudar. O seamos esa persona, busquemos esa puerta o esa ventana, ayudemos. Seamos tortugas.

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