Todas las personas tenemos prejuicios, aunque a veces nos cueste admitirlo. A todos hay ciertas cosas que nos molestan en los demás, ciertas opiniones que otro dijo y nos influencian antes de conocer al otro, cosas que sabemos por experiencia, otras que suponemos. Siempre es difícil luchar contra nuestros prejuicios, contra eso que alguien nos enseño que estaba bien o mal, y que tomamos como verdad sin sentarnos a cuestionarlo o repensarlo, capaz porque eramos chicos, capaz porque no acostumbramos analizar mucho nada, el punto es que no lo hacemos, y nos quedamos con viejas opiniones e ideas que ya no tienen sentido.
Yo siempre fui muy jodida a la hora de conocer a los demás, tengo ojo para saber quien me cae bien o mal desde el principio, y suelo conocer algunas cosas de los otros sin que estos me las digan, pero tengo que admitir que nunca pensé que iba a poder aprender tan rápido a lidiar con ciertas situaciones que antes me espantaban, me producían asco o rechazo, por el simple hecho de que alguien me había mostrado que tenía que ser así, o porque todos los demás lo hacían de esa forma, y pensaba que estaba bien ser como los demás.
Nunca imaginé que me iba a sentir cómoda expresando mi opinión a favor del aborto, tanto como para que me den ganas de ofrecerme como voluntaria en una organización de chicas que ayuda a concretarlos de forma segura. Nunca pensé que estuviera dispuesta a verme como el blanco de palabras como "asesina", sin que se me mueva un pelo, firme en mi postura, sintiendo que es lo que esta bien.
Tampoco me podría haber imaginado que me iba a hacer amiga de un grupo de lesbianas que forma una familia, como respuesta al rechazo que sus propias familias les dieron. No me hubiera figurado que hablar con ellas se me iba a hacer ligero, que podía joderlas, y reírme con ellas, y saber que van a ser excelentes madres, y novias, y esposas, ver su amor me hace feliz, me hace confiar en que el futuro es mejor de lo que espero, me devuelve la esperanza en las personas y su capacidad de amar a pesar de las dificultades.
Y sé que puede ser polémico, y difícil también, matar las ideas que tenemos y pararnos en un punto desde donde podamos ver que hay muchas formas de vivir, que van más allá de nuestros ojos, de nuestra conciencia, de nuestra forma de ver el mundo. Pero no se dan una idea, o quizás si, de lo bien que se siente cuando dejas las diferencias al costado, abrazas eso que te une a la otra persona, y sentís la hermosa certeza de saber en donde estás parada, que queres, y cómo vas a hacer para conseguirlo. Y les aseguro que es más fácil si te abrís de mente y dejas que los otros, sus historias, sus pasiones, su forma de vivir te ayuden a crecer, y ahí entendes lo que todos tendríamos que entender si no fuéramos hijos de la segregación: NUNCA ESTAMOS SOLOS.
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