25 de diciembre de 2013

Pérdidas

Hace poco encontré en un libro que realmente amo una frase que me marcó " En toda pérdida hay una ganancia" Creo que es mucho más fácil leerla que sentirla y veo muy claro por qué.
El dolor de las pérdidas nos adormece, nos embota los sentidos y hace que todos los que nos rodea parezca menos real ante nuestros ojos. Hay tantos sentimientos jugados cuando perdemos a alguien o a algo que queremos mucho, que ninguno alcanza a materializarse. Y entonces quedamos colgados de una nube de recuerdos, de desilusión, de ahogo, como si estuviéramos dentro de un mar revuelto, y la fuerza de las olas no nos dejará salir.
Hay casos en los que la fuerza de la realidad nos sirve a analgésico para controlar momentáneamente el dolor que sentimos, para enfocarnos en una meta, en salir adelante por una razón que es superior a nosotros y nuestro duelo. Diariamente hay miles de personas que reciben golpes, pierden a su familia y a sus amigos, y se ven obligados a seguir adelante, ya sea para sobrevivir, para ayudar a un familiar que este en peor condición, para mantener con esperanza a otra persona, que mayor o menor que ellos/as, los necesita más que los que se necesitan a si mismos.
Y así, cada pérdida nos debilita y nos quita algo de nosotros, pero nos fortalece a largo plazo, y permite que nos volvamos personas más independientes, completas y seguras.
No tengo idea de cuáles sean sus creencias, yo sé que dejé de creer en el cielo y en Dios hace mucho, y sin embargo admito que con cada ser querido que se va de al lado mío, simplemente pienso por qué, quién tiene la culpa. No hay explicación para la muerte, no existe argumento que pueda calmar la tristeza profunda que provoca en los que nos aman. Y a lo largo de nuestra vida, un buen consejo sería que nos acostumbremos a dejar de buscar respuestas donde no las hay. 
Siempre que pierdo a alguien que amo, luego de que pasan los primeros momentos de dolor, con el tiempo llega algo así como una dicotomía, una pelea adentro mio. Por un lado quiero seguir adelante con mi vida, superar ese dolor momentáneo que te adormece, y por otro lado me da miedo, me da mucho miedo que si sigo adelante, y vuelvo a mi rutina, estoy olvidando a la persona que amaba y no está. Y el miedo paraliza, y te deja expectante, pensando cuál es el próximo paso que das. Pero la respuesta siempre es la misma: vale más vivir mi vida. Porque es la única oportunidad que tenemos de existir, y porque en nosotros siempre hay algo de las personas que perdemos, porque fueron reales, nos ayudaron a construir nuestro carácter y nuestra personalidad; porque nos cambiaron la vida y aunque no estén tenemos que hacer honor a cada lección que nos enseñaron.

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