Aceptar el no sé es mi desafío más reciente. Y peor, aceptar el "no sé como soy", entender en el fondo (ese al que nunca llegamos) que no se como soy en muchos sentidos, como soy como pareja, como amiga, como compañera, como persona. El terremoto pasó y yo me siento en ese momento super práctico de la existencia donde lo único que pienso es como voy a reconstruir mi casa, salvar mis muebles, hacer las cosas.
Lo único que sé sobre ser es que es algo que muta, que cambia, que se transforma, que me descoloca. Pero también es importante no olvidarme que hay muuchas mesetas donde somos siempre lo mismo. Siempre la misma forma de tomar las cosas, las mismas críticas, las mismas boludeces con diferentes personas, en diferentes lugares y momentos. Pero hoy no.
Una de las cosas más lindas que me dió estudiar psico es la certeza de que no hay formas de estar preparado, que las estampidas se vienen y no medís, no regulas los cambios, no sabes adonde vas.
"Nos construimos en el vínculo con el otro" me resuena en el bocho, me mantiene despierta, y me da tanto pero tanto miedo repetir patrones que me enrosco y voy por caminos turbios.
De repente soy la mina de la que siempre me quejé, y no puedo dejar de preguntarme por qué, si el hábito, la costumbre, ver a los demás, crecer con eso, o la puta ilusión de que podemos escapar a lo que nos hace, pero algo de eso me re tira adentro.
Y me peleó con eso, o cedo y me dejo llevar, depende el día y mis ganas.
Tengo la contradicción momentánea de sentir que tengo el espíritu de lucha despierto y los miedos a full.
Las pérdidas se procesaron y empiezo a pensar que hay cosas que no van a tener soluciones por mucho tiempo, en el medio me lleno de proyectos porque entiendo que hacer es más útil que decir, y que hace falta gente que haga. Y me mambeo porque me asusta mi soledad, cuando siempre la quise como parte de mí.
Supongo que no se puede entender todo, y en general la mejor manera es no trabar lo que quiere ser, pero si parar a pensar quién no quiero ser.
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