Vamos, caminamos despacio la noche lenta, sabemos adonde vamos. sabemos quienes somos. No tenemos dudas, porque siempre supimos que estamos parados en un suelo de madera, en el puente colgante de la General Paz, de la ciudad donde mi alma queda a veces.
Nunca una mejor metáfora, arriba de un pueblo sobre un arroyo, mirando una laguna o sentados en un faro prácticamente adentro del mar, son todos lugares donde te podría buscar al lado mío, donde querría verte cerca, sentir que te tengo al lado.
Sé que las cosas nunca salen como una espera, sé que las certezas son pocas, sé que no se puede construir así. Pero siento que sí, pero siento que ni vos ni yo sabemos ser sin cumplir con los sueños que soñamos cada vez que tu voz saluda a la mía, cada vez que las cosas nos recuerdan que las distancias pueden ser cortas si las sincronías son varias, y no dependen del horario del sol.
Yo no juzgo tu raíz, busco tu silencio cómplice, y hasta el momento inoportuno tiene un poco de sentido cuando pienso que las cosas podrían ser muy diferentes.
Y no busco que algo de esto tenga un hilo, simplemente quiero que mi mente deje moverse las cosas que me pasan, las que te pasan a vos, las que nos pasan a cada uno en su vida, y las que van a ser. En un eterno vaivén nos veo ser sombras y luces de a ratos, entretener a un público difícil, o conectarnos con lo que todo lugar trae.
Nos veo siendo todo, nos veo siendo nada, pero siempre nos veo.
No buscar, solo dejarnos llevar un poco por un sentir esquivo como el agua, que caprichosa busca volver a su centro, a su vez correr a nuevos caminos.
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