24 de septiembre de 2014

Sabor

Hoy el día para mi tiene sabor a cansancio, sabor a que las cosas no siempre salen como quiero, sabor a que mañana va a ser otro día y hay que empezar de nuevo.
Pero ese sabor puede cambiar, por esas cosas, porque siempre hay un mínimo detalle agridulce, o simplemente agrio o simplemente dulce que te puede cambiar el día y la vida.
Porque solamente somos una colección de sabores.. ¿o somos mucho más? Siglos de filosofía pueden dar una respuesta más acertada que esta mente cansada que se recuesta sobre si misma, buscando una salida, un poco de alegría, sabiendo que eso esta ahí y es cuestión de recorrer la estancia con la mirada. Porque una chica de sólo 18 años, chica para tanto, adulta para tan poco, estudiante, agotada, feliz, testaruda (demasiado, siempre), y a su vez, un conjunto de sombras y luces que se unen en un complejo retrato que puede verse y reflejarse de múltiples maneras, algo así como una copia eterna de la realidad que pasa por mí, no a través, sino por, por mi cabeza, mi corazón, mi esófago y demás lugares que lo reconstruyen e inventan a cada segundo.
Si no hay dos segundos iguales, si nunca voy a ver dos veces a la misma cosa, a la misma persona aunque la tenga justo delante mío todo el tiempo, ¿Por qué siento la necesidad de verte cambiar en mi (in)constante túnel, de que cambiemos juntos aunque sepamos bien que eso no es posible?
Ojala que este arrebato de palabras y emociones llegará a vos para que me escuches, me encuentres, me busques o para que no hagas nada de todo eso, porque ni yo sé lo que quiero, ni vos tampoco lo sabes, y sólo se que no sabría mirarte otra vez, porque solamente vas a ser eso que fuiste ese marzo tan lejano y tan cercano, ese día que el viento sopló y enloqueció a la gente, y a nosotros también.

No hay comentarios:

Publicar un comentario