Hice una renovación casi total de mi pieza, con ayuda de mi viejo, la pintamos de naranja y un color parecido al durazno, le cambiamos la lampara, corrí algunos muebles de lugar y le puse una luz amarilla en vez de blanca. Estoy super conforme con el resultado, y me gusta ver que mi espacio, es lugar que es solamente mio, cambió, porque este 2013 va a venir lleno de cambios, y quiero darles bien la bienvenida.
Como siempre pasa en el verano, es ese momento del año donde nuestras mamás ven que estamos todo el día la pedo, y aprovechan para decirnos una y otra vez que ordenemos el palcard, que tiremos cosas, que saquemos para regalar lo que ya no usamos, y demás. Al principio una puede elegir no darles mucha bola, pero llega un momento donde te ganan por cansancio o abandono y bueno, hay que meterse en el medio del polvo y revisar. A veces es gracioso darse cuenta de las cosas que guardamos, pensando que son útiles, o que van a serlo, y después nos damos cuenta de que nunca las íbamos a usar.
Pero también entre esos cajones, bolsas, y cajas, aparecen un montón de cosas hermosas, de recuerdos, como si esos momentos que ya nos habíamos olvidado, volvieran a la vida por un rato, con solamente ver una entrada al cine, un regalo, un dibujo. Porque es en esos lugares ocultos de nuestra pieza o placard, donde guardamos también esos secretos que no vamos a contar, algunos porque todavía conservan la magia que los hizo secretos, y otros porque ya no son interesantes para nadie más que nosotros mismos.
Y ver esas cosas te llena de sentimientos: rabia por las veces que diste más de lo que dieron por vos, alegría cuando miras las fotos de la primaria, donde eras ingenuamente feliz.. Y te dan ganas de tener a alguien al lado, cualquier persona, para contarle cada una de esas historias, para sonreír y reírte de esas cosas de las que nunca pensaste que te ibas a poder reir.
La vergüenza, con el tiempo se vuelve eso que hace que una anécdota sea imborrable, las risas se repiten cada vez que abrís el cofre, la magia de los momentos queda viva en tu cabeza y en tus cajones.
Y por eso, una limpieza de placard se vuelve un viaje al pasado, para volver a ver a esas personas que ya no están y para sentir cada momento como si estuviera pasando. Si tuviéramos menos miedo de nuestros recuerdos, veríamos que abajo del polvo se esconde también lo mejor de las personas que fuimos.
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